- Dios, no me lo puedo creer. - dijo ella, asombrada
- Sí hija, como lo oyes. - respondió Dios
- Me parece muy fuerte.
- Lo sé, pero si fuese al gimnasio lo sería más.
- No digas "chorradas".
- En ningún momento he dicho esa palabra.
- Dios, que piedra.
- ¿Dónde? (Dios agacha la cabeza)
- Mira, déjalo, ya no me hacen gracia tus bromas.
- ¿Me dejas...
- Sí
- correrme en tu boca?
- Te he dicho que tus chistes ya no tienen gracia.
- ¿Y entonces por qué yo sí me río?
- Porque eres tonto.
- Antes decías que era Dios, ¿ahora soy tonto?
- En serio, vete a la mierda.
(Él se acerca a ella)
- ¿Me estás vacilando?
- No, intentaba acercarme para seducirte.
- ¡Me das asco!
- ¿asco...
- Sí.
- mido polla?
- Eres subnormal.
- No seas racista por favor.
- ¿Qué tendrá que ver?
- El tema de los ciegos no lo toques, que mi padre sufre de diabetes.
- Me voy.
- ¿tan pronto? Pero si ni te he llegado a tocar.
- Adiós.
- ¿A mi qué? termina la frase.
- No.
No hay comentarios:
Publicar un comentario