jueves, 7 de abril de 2016

El rap en Expaña

Sentado en el borde de la cama pensé en esa canción de Kase O que me explicó que las mujeres no tienen dueño cuando yo todavía no era consciente de que las personas podían convertirse en posesiones. Luego recordaba la canción de "Mierda" y casi lloro al darme cuenta de lo feliz que era cuando no entendía el verdadero motivo del rap competitivo, ahora entiendo que en una sociedad capitalista nos vemos obligados a despreciar al otro para subir de escalafón, gritar a los cuatro vientos lo malo que es el adversario porque a pesar de que te dedicas a lo mismo que él, si tú no dejas claro que eres mejor y él es peor, tus clientes (u oyentes en el caso del rap) irán a él. Aun así, lo que muchos raperos han hecho ha sido trabajar en grupo, han unido sus canciones para dar la espalda al "yo soy mejor que tú" y abrazar el "todos unidos podemos hacer de este mundo un lugar mejor en el que vivir". 
Toda esta competitividad estaba llegando a España desde los Estados Unidos, el país más capitalista de este mundo, y fue por eso por lo que con el tiempo esos Beefs dejaron de ser tan comunes y raperos varios empezaron a ignorar los vaciles de otros raperos menos famosos que buscaban ser mencionados por los conocidos en sus canciones. Después de pensar esto me di cuenta de que España no es Estados Unidos, se deshizo el nudo de mi garganta y ya no lloré, entré en Youtube y escuché esta canción. 


miércoles, 6 de abril de 2016

La última llama

Miraba sus ojos como si no hubiesen más ojos en la habitación en la que estaban, y en efecto habían muchos más ojos, dos por persona, eso quiere decir que había el doble de ojos que de personas, y aun así solo miraba sus dos ojos. En cambio, ella tenía la mirada fija en la pantalla de su teléfono móvil, allí no habían ojos, sólo píxeles con formas que significan cosas según su disposición espacial. 

Sus ojos eran negros y brillantes, negros como las cenizas años después del incendio y brillantes como esa última ascua que todavía no se ha apagado a pesar del tiempo. Pensó que todavía quedaba amor en ella, sin conocerla pensó que no era tarde todavía para sacarla de ese frío espacial. Estaban sentados uno enfrente del otro, con un panel de plástico y aluminio formando una barrera que solo les permitía ver la cara del otro desde la nariz hacia arriba. Estaban sumidos en un silencio abismal, rodeados de libros y de gente, todos mirando sus dispositivos electrónicos. 

Pensó en levantarse, acercarse, e invitarla a salir fuera, a hablar un poco, a que el sol iluminase esos ojos negros. Se imaginó que al salir de aquél antro falto de luz natural sus ojos desbordarían lava como dos volcanes, y que la piel que rodeaba esos volcanes adquiriría el color de la arena del Sahara. 

Siguió mirando ocasionalmente sus ojos, sentado justo delante de ella, hasta que la poca luz que entraba desde fuera desapareció y la bibliotecaria encendió unas bombillas artificiales para que pudiesen seguir viendo las letras en sus papeles. Justo después volvió a mirar sus ojos, seguían siendo hermosamente negros, aunque esta vez ya no brillaban, la última ascua se había consumido, ahora sus ojos ya no eran cenizas, ahora solamente eran agujeros negros. 

viernes, 11 de marzo de 2016

Histeria histórica.

La camisa de la histeria me arrebató la memoria, ya casi no podía hablar, con la garganta llena de historias. Sólo contar que bebí para olvidar y que no me olvidé de eso. Solo decir, que el alcohol me hizo sufrir y ser un mártir. Que fui un pájaro encerrado en la creencia del dolor como inspirador de versos largos que nunca cierran su telón. Pero ahora sé, que el horror es espantoso y que el poeta escribe mejor fuera del pozo. Ahora sé ponerle fin a la histeria, soltarme el cuello y contarte mil historias de memoria. 





jueves, 10 de marzo de 2016

Hablemos de hablar.

Hablemos, hablemos de la lengua que se habla. Y hablémoslo por escrito. Hagámoslo sencillo, digamos que los idiomas existen, digamos que existen diferencias generales en el habla de un ser nacido en Inglaterra y otro ser nacido en España. Aceptemos pues, que es muy difícil que estos dos se entiendan hablando cada uno en su idioma. 

Ahora podríamos pasar por los dialectos, los geolectos, los acentos, los ecolectos y demás, podríamos generar grupos más específicos de hablantes con rasgos del habla en común, pero ¿para qué? ¿Para qué formar más grupos si existen los idiolectos? ¿Para qué hablar de grupos de habla si cada uno habla como le da la gana? ¿Para qué clasificarnos si nos entendemos? ¿Para qué convertirnos en un archivo dentro de una carpeta con temática dialecto que a su vez se incorpora dentro de otra en la que queda apuntado nuestro idioma? ¿Quién coño es ese que tan inseguro se siente ante la diversidad y lo impredecible de la lengua humana? 

Sin duda un gilipollas, un cateto, un subnormal. Alguien para quien sólo somos cifras, en definitiva, un sociólogo. Hagamos esto sencillo, digamos que existen prejuicios. Digamos que para los de Albacete los murcianos son unos maleducados, que para los Alicantinos los de Marid son unos pijos, que para los gallegos los andaluces son unos salaos y que todos los estos llegan/llegamos a estas conclusiones con tan solo escuchar el habla del otro. Aceptemos nuestros prejuicios y luchemos contra ellos, que no es tan difícil joder. 

Dejemos de fantasear con un español perfecto que sirve para comunicarnos entre todos y que sinceramente no existe, dejemos de soñar con un concepto político que sube de escalón al hablante que usa la gramática prescrita por la RAE y hunde al contrincante que no acaba el verbo en -ado sino en -ao. Que nos entendemos copón. Rompamos los esquemas y hagamos que palabras como bien-hablado o mal-hablado pierdan el sentido, rompamos las fronteras inventadas que se han ido creando a lo largo de los años por culpa del clasismo, digamos NO a la represión del lenguaje. 

Inventemos nuevas palabras, necesitamos más poetas para que no hayan reglas, que el lenguaje evolucione como los hablantes quieran y no como nos diga una institución erróneamente auto-declarada como lingüística. Quitémonos todos el auto-corrector del móvil. Digamos guasap y feisbuk sin tener que sentir la inseguridad inculcada, el miedo al error, el terror que nos han impuesto y que sentimos al crear una palabra nueva. Seamos como los niños, digamos conducí y andé, que les follen a las normas gramaticales, que les follen a los que dicen que el valenciano es un derivado de una lengua, que les den por saco a todos los que utilizan tu forma de hablar para tratarte diferente. 

¡Que no!¡Qué no existen las lenguas mejores que otras!¡ni acentos, ni argots, ni dialectos! ¡Que todo eso se lo han inventado los mismos idiotas que crearon la gramática que con sus reglas rige todo lo que decimos. Hablad como os de la puta gana, y que les den a la sintaxis y a la gramática, que lo que importa es que nos entendamos y no que nos ciñamos a unas reglas impuestas. 

¡Vete a la mierda Real Academia! ¡Sé libre querido idioma español!

sábado, 10 de octubre de 2015

La primera frase es como decir "No sigáis leyendo"

¿Qué sería de la escritura sin el "escribir por escribir"?
La gente habla continuamente, simplemente por hablar, por rellenar huecos.
En cambio escribes por escribir sin ningún propósito aparente y te llaman loco.

Pero todo tiene un principio, una parte media y una final. Solo hace falta un contexto y un mensaje, y tengamos en cuenta que el mensaje podría ser cualquier cosa.

Un hombre entra en un bar y dice "¿Alguien me puede dar la hora?"
Hasta aquí sería la introducción, nada raro pasa, me estoy limitando a narrar una escena que podría ser calificada como cotidiana.

Un señor que estaba junto a la barra se da la vuelta haciendo uso del taburete girador que han instalado hace unos meses en el bar y que permanece atornillado al suelo y, le da la hora.
Parece que no pasa nada, he continuado la introducción y la gente espera un "problema" algo que saque la narración de su estructura normativa/normal. De todos modos ya he creado la diferencia entre el lenguaje literario y el lenguaje hablado, he añadido una explicación sobre el taburete que nos da a entender que al dueño del bar le gusta apostar por la post-modernidad.

"Muchas gracias Viejo de Mierda"
Ya está, ya la he cagado, al alejar la situación de la realidad y crear una escena conflictiva he hecho lo que todos hacen y he vuelto a caer en los tópicos.

"De nada, ¿cómo has sabido mi nombre?"
¡Oh! ¡Sorpresa! resulta que "Viejo de Mierda" es su verdadero nombre y no le estaba insultando, eso significa que he encontrado una manera de salir de ese atolladero en el que me había metido al recurrir a lo raro que es lo típico.

"Lo ponía en la chapita de tu camisa"
"Viejo de Mierda, creo que el chaval te está tomando por tonto"
¡Qué demonios! iba a caer en el tópico de todos modos, he creado un conflicto, el barman incita a Viejo de Mierda (quién no sabemos si es viejo realmente) a montar bulla en su propio local (está loco este barman, no lo ha pensado bien).

"¿Me tomabas por tonto, Chaval?"
"Perdona, pero yo no me llamo Chaval."
El chaval se mosquea, no le gusta que no le llamen por su nombre así que decide encararse a Viejo de Mierda.

"Perdona chaval, no era mi intención ofenderte."
El Viejo de Mierda se retracta, el camarero le mira con desprecio. Entonces el pensamiento de que por su propia culpa podría haberse formado una pelea en su propio bar provocando diversos daños se manifiesta en sus pensamientos. La idea de culpabilidad se propaga como el fuego de una cerilla cayendo a cámara lenta sobre el Amazonas bañado en petróleo. Se acuerda de su esposa, la pobre de su esposa que se desvive cuidando a sus hijos y llevándolos al colegio a diario, y limpiando la casa, y haciendo de comer, y aun así tiene tiempo para darle un poco de su amor por las noches.

"Me siento terriblemente solo." dice el camarero en un suspiro casi sordo pero totalmente audible para los presentes (véase Viejo de Mierda, el chaval y un hombre silencioso).
Aquí la historia ya ha perdido todo el sentido que podría tener una historia normal y corriente, creo que al final he logrado salirme un poco de las bases. No cantemos victoria de todos modos.

El chaval sale del bar, ya sabe la hora y no quiere más problemas. No solo eso, también siente miedo por la reacción del camarero, que ha sido totalmente impredecible.

Mientras tanto, la mujer del camarero está en casa mirando la tele. Los comentarios se empiezan a confundir con la narrativa en sí. La mujer no sabe si la telenovela que está viendo está en español o en otro idioma porque ya no entiende nada. Habla con sus amigas sobre la telenovela. Nadie sabe si está casada con el camarero o no, si tiene hijos o si tiene un rollo con el hombre silencioso del bar. Lo habla con sus amigas, que también ven la telenovela, pero no están seguras de nada, no pueden esclarecer sus dudas. Nadie sabe si lo que está pasando es cosa de la telenovela o de la narración, nadie sabe tampoco qué es la telenovela y qué es la narración porque podrían ser lo mismo o lo contrario.

Y bueno, creo que con este final dejo el cuento más que inconcluso. A la vez me surgen dudas, ¿Cómo puede algo inconcluso tener un final sin tener un desarrollo ni siquiera?
A pesar de que muchos piensen que este es un ejercicio narrativo patético, yo pienso que es una buena práctica crítica en relación a las estructuras convencionales de los cuentos.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Mi nuevo yo y el silencio de los corderitos.

Contaminado por las incoherencias de los artículos del PlayGround y sus malévolos títulos engañosos con listas (no de la compra) pero sí de debilidades y fortalezas de los hombres frente a las mujeres y demás chorradas por el estilo, vuelvo para reescribir mi estilo literario y dejaros anonadados con mis mil anécdotas reales que me inventé ayer por la noche porque no me podía dormir.
Os contaré que no, que son reales, pero no me creáis, no hay nada de cierto en todo lo que cuento, lo bueno y lo malo de ser yo es que hablo en términos absolutos, los más avispados ya se habrán dado cuenta pero de todos modos lo digo para que os quede claro y para que los que se han dado cuenta se sientan listos por haberse dado cuenta (los que no lo habéis pillado no os sintáis tontos, en realidad no había nada que pillar, es solo una cuestión de estilo).
Siempre he estado en contra de hablar de uno mismo, pero desde que os he confesado que todo lo que digo son mentiras he decidido que hablar de uno mismo no está tan mal y que podría incluso hablar de mi yo real, no el que me invento para los cuentos sino un yo ficticio que existe de verdad.
Bueno, hasta aquí la introducción, ahora empieza lo bueno, la magra lo llaman los más rebeldes. El caso es que ayer me estaba afeitando los huevos y descubrí que ese alimento no tiene pelos y que además no era una cuchilla de afeitar lo que sostenía entre las manos sino un pepino verde ¿En qué estaría pensando? Nah, en realidad eso no pasó. Pero se me ha ocurrido ahora y he considerado propicio adjuntarlo al conjunto de tonterías o sartá de mendeces que estoy redactando con mucha habilidad y poco criterio.
Esto lo que es en el fondo es relleno, como las conversaciones del día a día, son relleno para que funcione la vida, para dejarnos conocer, para amarnos y para odiarnos el relleno es fundamental y el silencio es la muerte.




Aunque a veces el silencio es relleno, cuando nadie calla.


El silencio es algo común entre los verdaderos intelectuales ya que los que como yo, solo pretendemos serlo, estamos aún dentro de este mundo en el que hay que rellenar y decir cosas que no tienen nada que ver con la intelectualidad, aunque se vistan de etiqueta mis palabras sigo siendo un necio como todos.
Y nunca me dejaré de sentir orgulloso por ello, porque sí, porque las situaciones reales me recuerdan a situaciones de series y libros y no al revés. Por eso soy más asocial que tú, pero no me hace un intelectual. Los intelectuales del hoy en día callan y dejan que gente como yo hable porque eso es lo correcto, porque los intelectuales saben ahorrar energía y sería un desperdicio malgastarla hablando de mí. Porque con sus bigotes y sus camisetas de patrones repetidos guardan silencio mientras ven películas antiguas que parece que tienen buena nota en filmaffinity y que sus padres vieron en el cine de verano.

viernes, 10 de julio de 2015

La Nascita di Venere

Ajusto el zoom de mis prismáticos para observar con mayor precisión mi objetivo. Una fuerte racha de viento descoloca la trayectoria visual que proyecto sobre la playa y mis ojos se ven contaminados con la grotesca figura de dos nalgas peludas asomando como dos montañas gemelas y nevadas por encima de un bañador verde caqui. Retrocedo y giro hasta que vuelvo a encontrar mi prioridad, el asunto en cuestión es de una importancia de nivel teléfono rojo. Como socorrista, esta es mi prioridad, velar por la seguridad de los bañistas.
Las lentes de mi instrumento de salvador de las playas se tiznan del color brillante de la sangre pura derramada a borbotones; horneada en el corazón y sacada de la aorta, sangre con sentimiento de lujuria. Sí, juraría que ese es el color exacto. Alejo el zoom y por fin contemplo la escena con total rigurosidad de detalles. Una gota cae en mis pantalones, no sudo, viene de mi boca. Noto una ligera presión en mi bañador, un calor que me sube desde el interior de las uñas de los dedos gordos de los pies hasta la coronilla, conquistando mi cuerpo al completo. Mis pupilas se dilatan, entro en éxtasis y me precipito desde la cumbre de mi silla hacia la abrasiva arena.
Corro. Salto la primera ola. Arranco agua arrastrando las piernas y cuando me llega el nivel a las rodillas paso a mi versión horizontal para proseguir nadando. Sin querer toco el fondo con la punta de los dedos y un alga verde como el fondo del mar y los campos de golf de fuera de la Comunidad Valenciana se adhiere y asoma su pequeña cabecita inhumana para observar con deleite a quien con tanta urgencia tengo que atender. La cojo en mis brazos y corro como un diablo para salvaguardar su dignidad, la tapo con el ancho de mi espalda. Se aprieta contra mí y noto dos bultos. La arrastro, pesa más de lo que pensaba. Gritos, oigo cientos de gritos. Mi cabeza se llena de sonidos, quejas, difamaciones, groserías. No me dejo corregir, yo soy un héroe, un poeta, el minotauro de Cortázar, el que va en contra de la sociedad y no lo hace por destacar si no porque no sabe fingir o no quiere ser un falso más.
Mis acciones tienen a veces duras consecuencias. La dejo reposar en el suelo y dejo caer mi peso sobre sus hombros. La miro, ella abre los ojos y me doy cuenta de que son verdes, como el atisbo que dejó el fondo del mar en mi superficie, ahora la profundidad de su alma se clava en mi alma con la fuerza de sus dos pupilas. Su bañador es rojo sangre, como mi sangre ¿somos dos personas o simplemente somos?
–¡Hazle el boca-boca o lo que sea de una puta vez ya, joder!
–¡Eso! ¡Deja ya de toquetearla!
Siento la envidia de los que me rodean fluir por el ambiente en fonemas sordos para mi corazón enamorado, solo atiendo a sus ojos, a sus cejas, a su boca. Placer, conexión. Y al igual que el sol baja hasta hundirse en el horizonte todas las tardes, yo bajo mi cuello y mi boca hacia la suya, hasta que nos unimos. La beso. Un espectador se atreve a intervenir con un comentario.
–¿Qué coño haces demente?
Levanto ligeramente la mirada pero ignoro las voces que intentan acallar mi pasión y vuelvo a presionar mis labios contra el cielo. Abro los ojos tanto como ella y también abro su boca, con la mía. Lanzo una ráfaga de aire para llenar los sagrados órganos que permiten que respire, que viva, que fluctúe por este loco ambiente en el que todo, incluso la naturaleza, se rinde a sus pies y a su belleza.
Presiono entonces su pecho, sin intención de herir el instrumento que nutrirá a nuestros futuros hijos. Una fuente emana abruptamente agua bautismal desde su boca, florida, santo fiordo noruego que te me apareces en las horas de calor de este tres de julio, día que no olvidaré jamás por su sonrisa. Bebo del agua de tus pulmones, lamo el chorro como un cachorro lame sus propias patitas para mantenerlas limpias, puras, vírgenes como tú.
Vuelves en ti. Te incorporas, toses y toses. Inspiras hondo. De tu boca brotan más trozos de mar. Tu boca y la mía son dos imanes. Polo norte y polo sur es lo que somos, permite que te llame cariño en mis pensamientos.
–¡Me has salvado la vida!– Yo callo, absorto en su mirada.
–¡Qué susto!– Sigo contemplándola. Su voz me eclipsa.
–Bueno, gracias.
La gente se dispersa, nos quedamos ella y yo. El norte y el sur, el mar y el cielo. Me sonríe, miro sus dientes, amarillos, luz solar y ella sola para mí. Se levanta y yo con ella, no separamos nuestras miradas. Parece tímida, agacha ligeramente la cabeza, mira al suelo, gira la vista. Un desconocido interviene.
–¡Abuela Mariana! ¿Estás bien? 
–Sí Samuel, dile a tu abuelico que vaya preparando la paella que hoy llegaré un poquico tarde.