viernes, 13 de diciembre de 2013

Ralón.

Entre dos montañas está Ralón, dividido por un río, la selva a un lado y unas pequeñas infraestructuras al otro. En estas pequeñas casas viven los pocos habitantes que tiene este pueblo, pero no todos. Hay quién como Ozing, vive en libertad, en el lado verde de Ralón. Esos son los repudiados, la basura de la sociedad, los temidos. Mientras que en las casas viven los civilizados, en una sociedad artificial construida con mentiras. Los pobres en las calles beben vino barato y sueñan con entrar en las casas de los ricos a dormir.  A Ozing le dan asco, para él son seres indignos de vivir. Uno de estos asquerosos es Tuot, nació en la selva y migró al otro lado para conseguir una vida mejor, pero, ¿a costa de qué? Perdió todo su orgullo, acabó durmiendo en las aceras, de rodillas ante los ricos que pasaban sobre él como sobre las rayas del paso de cebra. 
Tuot pensaba que sus sueños se cumplirían algún día, tenía esperanza. 
Ozing soñaba con limpiar el nombre de su gente, soñaba con deshacerse de todos aquellos que le humillaban perdiendo su orgullo ante esos despreciables seres altaneros que les sobrevolaban. Las casas de hormigón sin ventanas dejaban claro que nadie quería a un despreciable vagabundo venido de la selva como compañía. 
Las noches pasaban lentas entre tanta angustia y tanto sufrimiento. En la selva no lo pasaban mucho mejor. La vida entre animales solo les aseguraba alimento, pero también les ponía en un estado de alerta continuo ante el ataque de cualquier animal salvaje. Las hojas verdes de los árboles les cubrían de la luz intensa del sol, mientras que a los vagabundos de Ralón solo les cubría las sombras de sus superiores, las sombras de lo inalcanzable. 
Cierto día, Ozing decidió cruzar el río. Al otro lado le esperaba la humillación a su especie. Debería afrontarla lo mejor que pudiera...
'¿Qué haces aquí Ozing?' preguntó Tuot con la cara llena de magulladuras y tembloroso. 'He venido a por ti a sacarte de esta mierda de vida' murmuró Ozing sintiéndose vigilado por los altos edificios. 
Entonces Ozing le cogió y se lo echó al hombro, Tuot no pesaba casi nada, así que no le costó robarlo de aquél amasijo gris. Cruzó el río por la parte menos profunda y lo subió a un árbol, allí le dio de comer sopa, le cuidó durante días. 
Al principio Tuot estaba paralizado, parecía asustado todo el tiempo, no parecía ser consciente de nada. Pasaron los días y poco a poco retomó el color marrón de los árboles que le servían de hogar. 
- '¿Cómo pudiste acabar así Tuot? nosotros soñábamos con una vida mejor.' Tuot quedó pensativo y al cabo de un rato respondió.
- 'Creo que me hipnotizaron.' 
- '¿Como te hipnotizaron?' respondió Ozing asombrado. 
- 'Tienen colores y palabras en las paredes que te dicen lo que tienes que hacer.' 
- 'Eso es imposible, ¿me estás diciendo que utilizan brujería?' 
- 'No, no es brujería, lo llaman publicidad.'
Ante tal descubrimiento, Ozing repentinamente tuvo la certeza de que para conseguir sus objetivos tenían que hacer una sola cosa. 
- 'Tenemos que destruir la publicidad para liberar al otro lado de las sombras.'  

Quiero, quiero, quiero.

Quise vivir tranquilo, hacer lo de siempre, tener un trabajo, una chica, un hijo, un piso, pero...
Lo fácil me cansa, me aburre, me deprime, me entristece, me oscurece, me mata.
Ahora quiero volar, viajar a la luna, follar hasta no poder más, no depender de nadie y la verdad es que...
Lo difícil me despierta, me activa, me motiva, me divierte, me ilumina, me da vida.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Triángulo.

Tengo el corazón a un lado, asustado. 
Entre el pensamiento y el pecado. 
Formando el triángulo de la indecisión.
En la esquina de la prostitución.

lunes, 2 de diciembre de 2013

La espera.

Erase una vez un niño que vivía en el patio de la casa de su abuela, todos los días se asomaba por la alcantarilla para ver si habían cocodrilos, vivía con un peluche que se llamaba Robin, éste tenía una enfermedad que le impedía moverse y además, hablaba en lenguaje mudo. Pero el niño entendía todo lo que él decía. Un día, el niño envió a Robin a las alcantarillas para que encontrara al cocodrilo. El niño esperó y esperó cerca de la alcantarilla. Pasaron días, años, y el muñeco no volvía, el niño se estaba haciendo grande, y de repente, un día, unas lluvias torrenciales hicieron que el nivel del agua en el patio subieran tanto que el pobre de Robin salió del sumidero, el niño se alegró muchísimo de verlo, pues hacía mucho tiempo que le esperaba, pero enseguida notó una mirada de miedo en el peluche, parecía preocupado, el niño le preguntó '¿Qué te pasa Robin?' y Robin, en su lenguaje mudo, le contestó que tenía miedo del cocodrilo. Entonces el niño se giró en el agua y vio que... ¡un cocodrilo había salido de la alcantarilla!
Con Robin en un brazo empezó a nadar hacia el almacén, para escapar de aquél patio en el que una muerte segura le aguardaría si se quedaba. Rápido perdió de vista al cocodrilo, pero la corriente le arrastraba incontroladamente por las calles. Truenos y relámpagos caían, pero ¡de repente todo ese mal tiempo se esfumó! ¡el sol salió! y el niño se quedó con su peluche en el brazo, en la puerta del colegio, esperando a que sus padres fueran a recogerle.

martes, 26 de noviembre de 2013

Azul.

Olas rompen contra el casco del navío, truenos anuncian la llegada de un inminente desastre. La lluvia baña las cubiertas del barco, las sirenas llaman a la tripulación, que intenta mantener el equilibro agarrándose a dónde pueden. El capitán, desde su timón, a través del cristal empañado de la cabina de mando, ve un remolino enfrente, ya están todos a buen recaudo dentro del camarote principal. El barco entonces se inclina hacia delante, todas las cajas, utensilios, cuadros y sillas caen hacia el mismo lado, golpeando a cada uno de los marineros y dejándolos a todos inconscientes. El barco hunde la proa en el centro y desaparece lentamente. La tormenta para, el sol sale, las olas se han calmado, un leve viento sopla, el océano está plano, nadie sufre una vez se ha ahogado. 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Tocar fondo.

Sudo al pensar en las noches,
en las que viré en contra del viento.
En las que viví el momento,
soltando varios broches.

Solo en el mar aun pienso,
que el sudor no fue en vano,
que sentí el placer de su mano,
y la profundidad de lo intenso.

Desde el fondo del mar grité,
y aún oigo mi grito ahogado.
De él ya estoy lejano,
demasiado sobrio y humano.

Añorando ahogarme en sus aguas
y bucear entre plantas,
tocar fondo,
quedarme en lo más hondo.


martes, 12 de noviembre de 2013

Peor que final.

Perdió la magia, la vida se le hizo larga. 
Necesitaba un final, triste o feliz, pero emotivo. 
Pero nunca llegó, lo que llegó fue el frío. 
Cristalizó sus sentimientos, fue un metrónomo. 
Esperó a que le cambiaran el ritmo. 
Pero él no hizo nada por cambiarlo. 
Y nada cambió, se sumergió en un invierno eterno.

Y la sonrisa se fue de su boca. 
El placer, de su mente. 
El amor, de su pecho. 
La pasión, de su estómago. 
Y el verde, de sus ojos.