viernes, 9 de junio de 2023

Mariano Cuatropuentes

 Esta noche he tenido un sueño muy raro y nada más despertarme me he escrito cuatro whatsapps a mi mismo para que no se me olvidara nada, han sido los siguientes: 

  1. Sueño raro en el que un hombre se interna en un centeo de salud vanguardista en el que curan a las personas induciéndoles a un coma en el que pueden soñar su existencia y si no cometen los mismos errores del pasado en sus sueños, sus cuerpos cambian en la realidad
  2. Al final el centro pierde la financiación y muchas de esas personas que estaban en coma todavía se quedan sin apoyo médico
  3. Y el hombre que se había internado era un videógrafo que quería documentarlo todo
  4. Y que contaba la historia como si él no hubiera llegado a entrar en el coma, pero al final se daba cuenta de que lo que él estaba viendo podría see bien una pesadilla, y de que ya no podía estar seguro de si estaba dentro de un sueño o en la realidad.
Y esta sería la Adaptación que he hecho esta tarde, para darle un poco más de forma, no sería más que una introducción a la idea: 

Mariano Cuatropuentes es licenciado en periodismo y tiene un canal de Youtube dedicado a la investigación de negocios encubiertos. En su último capítulo publicado ha ido a una pedanía llamada Orito, en la que se rumorea que hay algo oculto en los jardines traseros a la iglesia, regentada en teoría por falsos curas que en realidad son otra cosa, pero curas no. 

En este video, Mariano muestra como tras unos meses de haberse ido infiltrando poco a poco, haciéndose pasar por monaguillo, ha logrado conseguir una llave que le da acceso a un sótano. Lo último que ha publicado ha sido un Story en el que abre una puerta de acero (aparentemente la del sótano) y se encuentra con unas 3 camillas en un cuarto diáfano con personas atadas a ellas y máquinas con la forma de platillos colgantes que radian luz azul sobre los cuerpos inmóviles. El video acaba con un giro brusco de cámara y un fundido súbito a negro. En los hilos de Reddit que yo sigo, la mayoría de la gente teoriza sobre un posible Fake, dicen que es todo un montaje y dan datos que demuestran que Mariano en realidad sigue viviendo en su pueblo natal, Monovar. Pero yo no me creo nada. 
 
Han pasado unos meses y ya nadie habla de Mariano Cuatropuentes, así que he decidido ir a investigar su paradero. Cuando he llegado a Orito me he encontrado con una iglesia derruida, y rodeada por vallas y cintas de seguridad. He esperado a que anochezca ya que habían señoras mayores paseando por el parque que hay justo enfrente. Ya es de noche y voy a entrar, he avisado a un amigo por Whatsapp para que venga a buscarme si tardo mucho en salir. Tengo algo de sueño, pero el miedo que tengo me da la adrenalina que justa para descubrir qué es lo que ha pasado en el convento de Orito.  

sábado, 21 de enero de 2023

Niños que quieren ser adultos

No me acuerdo de cómo se llamaba, era un alumno de los malos, de esos de los que nunca te olvidas de su nombre, pero del suyo me tuve que olvidar porque era un tormento recordarlo. Fue uno de esos niños que quieren ser adultos pero les sale el tiro por la culata y parecen más niños todavía. Podría caer en el típico tópico de culpar a su entorno, pero no lo voy a hacer porque ya no es mi alumno y ahora ya no sirve de nada. 
Sinceramente, espero que le vaya bien, pero también lo dudo mucho. Tenía muchas amistades aunque nadie le quería cerca en realidad, todos se reían con él, aunque la verdad es que se reían con un poco de miedo. Intentaba seducir a las niñas del instituto mediante técnicas muy tristes como ridiculizar a sus amigos delante de ellas para paleolíticamente demostrar su superioridad como "macho". Más triste todavía eran las alumnas que accedían a esa especie de chantaje ñandertal. 
No tengo mucho más que decir sobre este alumno, ya no está en mi mundo. Solo me llama la atención que siendo su profesor me daba rabia tenerlo en clase, incluso angustia alguna que otra vez. Pero ahora que ya ha pasado el tiempo, solo me da pena. 

jueves, 9 de julio de 2020

mis ganas de tener ganas

A veces me hundo, en un abismo tan profundo que siento que me olvido de quién soy y de lo que quiero. Llego a estar convencido de que no quiero nada, de que no hay nada que querer, de que como solo soy huesos y carnes, solo soy eso, un algo, y cómo va un algo a querer algo. Igual no es la mejor manera de definir el cómo me siento, en mi cabeza suena lógico pero me da que no lo es tanto cuando vuelvo atrás en lo que he escrito. Y en estos momentos me acuerdo del rap, que para mi lo era todo, y miro atrás y no recuerdo el puñetero jodido día en que dejé de escucharlo, no recuerdo por qué dejé de hacerlo. Quería ser rapero, hoy en día lo pienso y me río: escribía poesías, pintaba grafiti en folios A4, en libretas, en mi brazo izquiero y los brazos de los demás, y cuando tocaba patio me iba con dos amigos a bailar break dance, valga la redundancia (por eso de que he dicho bailar dance). Ya no me llama la atención casi nada del rap que escuchaba hace años, el otro día lo intenté escuchar pero no tardé en quitarlo, pensé que era música demasiado densa. Pregunta vital número dos ¿En qué puto momento me he convertido en un puto superficial? No lo entiendo, a mi siempre me ha llamado la atención la profundidad de algunas letras, y ahora me parecen densas, mi cerebro se aleja del pensamiento pausado y analítico, y no entiendo el porqué. Supongo que estoy cansado, que llego sin energía al fin de semana, que necesito moverme, mudarme, gente nueva, libros más profundos, menos videojuegos, menos tele, menos series, más movimiento, más pensamiento activo del de verdad. 

miércoles, 25 de marzo de 2020

Cuando tú no estés

¿Qué será de mi cuando no estés tú?
Qué será de este hogar, enraizado en tus pelos
¿Saldré a pasear? con una cuerda, queriendo verte al otro extremo.
Temblaré, cuando llegue la tormenta,
recordando tu miedo, y el miedo que sentí a que te fueras.
Lloraré, cuando escuche un vacío tras el timbre en lugar de tus ladridos.
No entenderé, por qué duraste menos que yo,
si naciste más tarde y fuiste más puro, mejor.
Me ahogaré, viendo tus mantas vacías y tus cuencos por terminar.
Tendré que sobrevivir, por tu culpa y gracias a ti, copiaré tu nobleza, seré un ser fiel.
Vivirás en mi, con mis acciones, y no, jamás te olvidaré.

lunes, 2 de marzo de 2020

El solucionario

Había estudiado mucho, o eso me dijo. Las tenía todas consigo. Salió de casa pronto, Con la mochila a cuestas cruzó varias calles hasta llegar a la puerta del instituto. Allí saludó a sus amigos y amigas, les preguntó que qué tal el fin de semana y ellos le respondieron lo de siempre. Cortó rápido las conversaciones, no quería tener ninguna distracción innecesaria, se sentó al fondo de la clase y el momento del examen llegó.
Diez preguntas, a un punto cada una. Cada pregunta desglosada en secciones, cada sección otorgándole un pequeño porcentaje de ese gran total de diez punto al que no pretendía alcanzar jamás. Puso su nombre y la fecha primero de todo y seguidamente empezó a leer el primer ejercicio. No entendió nada pero en lugar de volver a leerlo alzó la voz y luego la mano.
Yo, el profesor, le dije que se centrara en el examen y que volviera a leer la pregunta, que no era tan difícil. Rápidamente volvió a la primera pregunta, la volvió a leer pero seguía sin entender nada, empezó a desesperarse ya que ahora ya no podía volver a levantar la mano, dos veces seguidas serían demasiadas veces seguidas y sus compañeros tampoco levantaban la mano. Fue entonces cuando miró al frente y no vio nada especial, pero su mente generó una distracción tan fuerte que cuando volvió en sí, habían pasado ya diez minutos. Al salir de este trance se acordó de que solían pasarle este tipo de cosas cuando sentía que no podía conseguir algo, eso le recordó las broncas de su madre. Las broncas de su madre la llevaron a pensar sobre su perro, y al pensar en lo guapo que era sonrió y miró para un lado.
Ahí estaba Antonio, mirándola y sonriéndole de vuelta. A ella no le hacía especial ilusión Antonio, pero sabía que a él si que le gustaba ella, y le apetecía sentirse querida, así que le mantuvo la mirada un par de segundos más y volvió al examen. Habían pasado ya veinte minutos y seguía en el ejercicio uno.
Entonces me llamaron al teléfono y antes de salir les recordé a los alumnos que ni se les ocurriera copiarse. Era Amazon, querían dejarme un paquete pero yo evidentemente no estaba en casa, así que les dije que me pasaría por Correos en volver a mi casa.
Volví a entrar en el aula y vi que me había dejado el solucionario sobre la mesa del profesor, así que fui y lo cogí, pero antes de guardarlo vi que levantaba la mano y fui. Sin querer me dejé el papel en su mesa y ella empezó a copiar, cuando me di cuenta ya era demasiado tarde. Volví a su mesa, cogí el papel, y me lo llevé a mi cartera.
Ella siguió mirando el examen, ahora mucho más concentrada y sonriente, ya no volvió a mirar a Antonio en los treinta minutos restantes de clase. Al acabar le pregunté que qué tal el examen y me dijo que le había salido muy bien. Se fue sonriendo y yo me sentí bien por ella, a pesar de que el solucionario que había dejado en su mesa sin querer era de otro examen.

miércoles, 19 de febrero de 2020

La luz de tu boca

Madrugo. Bajo las escaleras del bloque de pisos en la oscuridad, con el pobre de mi perro tropezando, y llego al rellano sintiendo sus nerviosos coletazos en los gemelos. A las seis de la mañana las calles están todas encendidas y el cielo apagado. Camino dirección al parque.
La humedad del rocío hace más visible la luz naranja que se precipita desde las farolas. Me ajusto la capucha y la bufanda para frenar unas leves brisas que mueven las hojas del suelo. Mi perro huele cada bordillo que parece húmedo de más. Cada vez que nos paramos miro a mi alrededor y veo casas con ventanas apagadas. Veo una sociedad que duerme mientras yo, despierto, comienzo el día. Me da por pensar que nos quedamos solos cuando queremos ir por delante, pero antes de acabar mi reflexión aparece un perro suelto y empieza a oler al mio. 
A lo lejos veo a su dueña, de brazos cruzados y con una leve sonrisa. No llama a su perro con su voz, no oigo su voz y esto es algo que me desconcierta mucho. Yo aviso de que mi perro está mayor y suele enfadarse con otros perros, ella hace un gesto indicando que no pasa nada. Lleva un abrigo más nórdico que el mio, con plumas que le tapan gran parte de la cara, somos las dos únicas almas en todo el parque. Ella fuma, pero en la distancia yo solo llego a distinguir una luz que se desplaza en una línea diagonal de su boca a su cintura. Su perro vuelve con ella a toda prisa. Yo sigo andando y mirándola disimuladamente, no logro adivinar su cara. La pierdo de vista pero sigo pensando en ella. En la imagen que me ha dejado grabada en la retina, en la luz del cigarro. 
Me he enamorado, pero no de la chica, ni siquiera he visto su cara. Me he enamorado de la imagen y de su simbología. Pienso en los elementos que contiene y se me eriza el pelo. Árboles, luces naranjas, rocío, humedad, oscuridad, luz, hojas secas, una sonrisa difuminada, abrigos, tierra mojada, un perro y el sonido de sus patitas, el ruido de la brisa. Llegando a mi casa, víctima del sueño y mi imaginación, le escribo un poema mental a la luz de su boca, una tontería sin sentido que me deja recapacitando sobre el amor platónico, sobre volver a salir a las seis de la mañana para encontrármela. Entonces, de golpe, vuelvo a la realidad: no me gustan las chicas que fuman, huelen mal; no he desayunado, tengo que corregir exámenes, ponerle el pienso a mi perro, e ir a trabajar. 

Una semana más tarde me despierto sin querer a las cinco y doy vueltas por mi piso hasta que me acuerdo de la chica. Me hago el café y llego a las seis al parque. Allí la veo de lejos, sonriéndo, acompañada de su perro y con un cigarro en la boca. Esta vez siento algo distinto, ya no es amor, es otra cosa. Ahora quisiera no saber más de ella, cerrarle la capucha. Vuelvo rápidamente a casa para escribir algo antes de que me tenga que ir a trabajar y se me olvide para siempre. Lo titulo "La luz de tu boca".

En la madrugada, a las cinco,
Una luz nace en el parque
Viene de las raíces de los árboles
se abre paso entre la tierra naranja y mojada,
resplandece en el centro de la oscuridad.
Brilla sola porque las hojas la ven
Equilibra la balanza de la noche
Lucha contra la ira, la rabia, la tristeza...
Es fruto y consecuencia de todo mal que acecha
         Y un perrito vagabundo,
                                                solo y con el alma pura se le acerca.

Pero a las seis se encienden las farolas
y esa luz se tiene que marchar,
empieza a difuminarse,
porque las personas empiezan a quererse, a abrazarse.

Y si a las seis te acercas al parque
verás una chica que sonríe con su perro,
y justo antes de que desaparezca
                      el perrito da un salto
                                             y se cuela
                                                     por la luz de su boca.

Me la leo sentado en el coche, en el Parking del trabajo. Me la vuelvo a leer otra vez y me imagino que es de verdad, pero sé que no lo es. Bloqueo el móvil y me enfado un poquito, no demasiado. Salgo del coche y vuelvo a trabajar, soñando despierto con una luz que es mentira. Me he olvidado por completo de la chica, ahora solo existe una luz misteriosa en el parque.









miércoles, 21 de agosto de 2019

La alarma

Hace tiempo que no escribo nada, ni siquiera mi nombre. Llevo más o menos un año sin coger ni un lápiz ni un bolígrafo, cuando más cerca he estado de romper mi récord ha sido cuando he tenido que firmar en el aparatito electrónico que lleva el cartero de Amazon. Creo que el hecho de no escribir nada fuera del ecosistema digital me está afectando, aunque todavía no sé cómo. Puede incluso que acabe olvidando la escritura manual, aunque lo dudo. De todas formas, no sería un grave problema, porque hoy en día estamos rodeados de tecnología por todos lados. La historia que quería contar en estos párrafos que suceden a la introducción trata sobre un chaval de unos dieciocho años, que en el 2050 pierde el móvil y se tiene que enfrentar al mundo real. Al final no va de eso, pero bueno, al menos he 'escrito' algo.

... 

Suena la alarma, ayer me la puse para despertarme a las siete, para aprovechar el día, pero estoy molido, he dormido fatal. Lo primero que hago después de haber pospuesto el despertador unas tres o cuatro veces es coger el móvil, me siento al borde de la cama y compruebo los mensajes. Tengo 20 correos, todo publicidad, como siempre, los elimino. Vaya, una recomendación de Youtube, voy al aseo a hacer mis cosas y como tampoco tengo nada más que hacer en ese rato, me veo el vídeo. Es bastante denso, así que lo quito, he dormido mal, no me apetece pensar, pero sigo estando en el baño así que aprovecho para ver unos cuantos shorts que aparecen en "relacionados". Entro en un canal de un Youtube, veo que dura media hora y pienso que lo puedo empezar ahora y seguir en otro momento. Al parecer pierdo la razón de ser y lo veo entero, menos mal que estoy de vacaciones y no tengo nada que hacer. Salgo del baño. Desayuno mientras veo otro video vídeo, ya casi son las doce, dejo la taza de la leche y la cuchara en la mesa, ya recogeré todo eso más tarde.

Voy al ordenador y me enchufo. Mis amigos ya llevan horas conectados, de verdad que tienen un problema con la tecnología, hace meses que no nos vemos en persona, pero es que con esto de la pandemia y la realidad virtual da pereza salir de casa, aun así, algún día me gustaría tomarme algo con ellos. Dejo el móvil a un lado del ordenador, cambio de pantalla. Me pongo los auriculares con micrófono, mis amigos hablan poco, pero sé que están ahí porque sale un círculo verde que les identifica como conectados. Dicen de echar una partida y acepto. Es un juego competitivo en equipos y nos han ganado unas tres veces seguidas. Mi amigo Alberto se enfada muchísimo y se enfada con todos. Acto seguido se disculpa y seguimos jugando pero volvemos a perder. Alberto dice que se tiene que ir porque le han llamado, ahora aparece desconectado, sospechamos que se ha puesto a jugar con otro grupo. Es una lástima que haga esto, ya que le conocemos desde el colegio y se supone que jugamos para divertirnos, pero bueno, peores cosas se habrán visto. De todos modos hace unos meses ya que no le veo en persona, no sé si en realidad seguimos siendo amigos, tampoco es que me pregunte qué tal estoy ni nada de eso. Los que quedamos en este chat estamos todos de acuerdo en que tendrá sus razones para irse, supongo que debido a que ninguno de nosotros le exige ni le ofrece nada relevante a la mistad, vemos esta conducta como algo comprensible y pasamos del tema.

Actualmente no tengo novia, pero estoy enamorado de mi vecina, la sigo en Instagram, y le doy "Me Gusta" a todas sus publicaciones de Facebook. Yo creo que se debe de imaginar que me gusta, pero como tiene novio y parece enamorada no me dice nada. Les cuento la historia a mis amigos y me dicen que me deje de líos y que me descargue Tinder, no me ayudan. Estoy bastante rayado, no paro de fantasear con mi vecina @Martiika. Me despido de mis amigos y cojo el móvil para mirar las notificaciones del "Face" mientras ando hacia el salón para enchufar Netflix. Estoy enganchadísimo a una nueva serie aclamadísima por la crítica y es que con ese reparto como para no verla. Además, así ya tengo algo de lo que hablar con mis colegas, ellos ya la han visto. Ya me imagino la conversación que vamos a tener cuando me la acabe: 
- Ya me he visto la serie, qué guapa. 
- Ya ves tio, está guapísima. ¿Echamos una partida más?
En fin, llevo dos capítulos y me siento con hambre, pero aguanto uno más porque la comida es solo calentarla y ya está. Entre el tercer y el cuarto capítulo me como el tupper que me dio mi madre hace unos cuatro días y lo dejo en la mesa del salón, ya lo recogeré más tarde. Sigo viendo la serie y paso a la siguiente temporada. Es la una. Me duele la espalda. Pauso y me voy a mear sentado al aseo con el móvil, para no aburrirme. Vuelvo a la tele y voy cambiando de postura, a cada cual más incómoda, se me han hecho ya las dos.

Decido ir a ver si están mis amigos en línea y echarme otra partida. Están pero se van ya a dormir así que cojo la tablet y me voy a mi habitación a seguir un rato con la serie. La espalda me está matando, pero es que está muy entretenida la serie y no quiero que acabe porque tampoco tengo nada más que hacer. Me acabo la segunda temporada y siento un gran vacío, dejo la tablet en la mesita e intento dormir. No puedo dormirme, claro, si es que no he hecho nada en todo el día, es normal. Empiezo a sentirme culpable. Pero yo no tengo la culpa, solo me he adaptado a esta sociedad, todos hacen lo mismo que yo. Me digo estas palabras de ánimo pero en realidad ni yo me las creo, el sentimiento de culpabilidad sigue a flote por dentro. Al final me convenzo de que la culpa es mia y de que puedo arreglar mi vida con fuerza de voluntad, todo es empezar. Me juro que me voy a poner una alarma a las 7 para aprovechar el día. Mañana en despertarme lo voy a planear todo, ahora no estoy para hacer planes porque estoy destrozado y son ya las tres. 

domingo, 14 de abril de 2019

¿Aceptas nuestras cookies?

Estoy andando por la calle y en esto que me encuentro con un hombre con barba y gorra y empieza a decirme que si acepto sus cookies, muy insistentemente. Le digo que qué me está contando y me mira con una cara que expresa una oración en concreto: "¿De verdad no sabes qué son las cookies?". No se da cuenta de que a mi lo que me china es que sea una persona la que me avise y no una máquina. Le respondo con una cara que da a entender que quiero que me deje en paz, que yo voy a mi rollo. Vuelve a insistir en que es importante que acepte sus cookies.
Me pregunto si esta persona será un robot, porque en ese caso lo entendería. Ahora bien, creo que todavía seguimos estando a años luz de tener un robot que se asemeje tanto a una persona. Sigo andando pero el tipo me persigue. Lleva una gabardina gris del estilo "detective privado" y un maletín de abogado con contraseña. Acelero el paso. Entonces él corre un poco, se me pone delante y me para estirando la mano y sin decir palabra, es bastante alto aunque sea delgado, me da bastante mal rollo. Me mira fijamente y empieza a llorar, son lágrimas evidentemente falsas, tiene en la cara una expresión de desconsuelo forzado. Parece que espera a que le diga que vale, pasan unos segundo y al ver que no le digo nada se arrodilla en frente de mi y me vuelve a pedir que acepte sus cookies.
Cojo el móvil del bolsillo ya como si estuviera en un sueño, me llevo la otra mano a la cara como intentando quitarme las gafas de realidad virtual. "Por favor, acepte mis cookies". Pierdo momentáneamente el control y le grito que no, que me deje en paz. El hombre de las cookies se pone muy serio, deja de llorar, y se acerca a una señora muy mayor que hay en un portal. Escucho como avergonzado y con miedo le dice a la señora: "lo siento abuela, por mucho que lo intento nadie quiere probar tus galletas". La abuela le grita algo incomprensible y le da una colleja.

viernes, 12 de abril de 2019

El caso es que

El caso es que estoy corriendo semi-desnudo por el medio de un parque donde se suelen pasear los perros solos, un parque vallado en el que los perros son libres, vallas igual a libertad en el caso de los perros. El caso en cuestión es que estoy corriendo, y por lo tanto siento el viento contra la cara, muy fuerte, y de fondo veo una pirámide, sigo corriendo y el recorrido se prolonga como por horas, no sé muy bien cuántas, el tiempo parece infinito en esta dimensión. El caso es que cuando llego a la pirámide la miro y la toco y es del tamaño de una persona y tiene la forma de una persona pero es una pirámide, es la pirámide de Maslow y a la vez es Maslow. Pero el caso es que yo no sé quién demonios es Maslow, solo conozco su pirámide, pero a la vez la pirámide es él.

Al final me hago amigo de la pirámide a pesar de que ésta no habla. Sigo semi-desnudo, solo de cintura para arriba, pero ahora estoy dentro de un iglú que me recuerda a la cueva donde Superman hablaba con su padre. Entonces me acuerdo de que no he paseado a mi perro y quiero escapar de ese iglú que no tiene salida y en el cual me encuentro con el señor pirámide. Busco y no encuentro una puerta dentro del cubito de hielo. Siento frío. Maslow abre por fin la boca pero no llega a decir nada, me da angustia, vuelve a hacer el mismo gesto de abrir la boca como para decir algo pero sin decirlo y se me remueven las tripas, quiero llorar porque no estoy paseando a mi perro. Estoy muy irritable. Maslow vuelve a hacer el odioso gesto y le grito que se calle a pesar de que no ha llegado a decir nada, cierra la boca y pone cara de indignación. Ahora me siento culpable por haberle hablado mal a la pirámide. Necesito pasear a mi perro. Grito dentro de cueva y la potencia del sol se acentúa, lo veo a través del techo. Los rayos atraviesan las paredes y todo se derrite.

Arriba de mi está mi perro, ahora soy un pienso de mi perro y voy a ser devorado. Es casi poético, devorado por mis responsabilidades. El caso es que entro en el estómago de mi perro y empiezo a ver el sentido de la vida, el cual se encuentra dentro del estómago de los perros. Me acuerdo de haberlo entendido hasta el punto de saber explicarlo cuando estaba dentro del estómago, pero fue salir y se me olvidó por completo como explicarlo. Salgo de toda esa vorágine de revelaciones espirituales y entro en una bolsa de plástico en la cuál me reencuentro con Maslow. Pasamos años encerrados en ese plástico, me olvido de todo, de la muerte incluso. Cuando recuerdo la memoria es el futuro y vuelvo a tener el cuerpo de un tamaño normal, corro por las calles vestido con ropa blanca que tiene detalles en color plata, las calles están limpísimas y no pasan coches por las carreteras, tampoco hay gente en las calles, todo lo que veo son pisos altísimos. Entro en un portal de un bloque de edificios y veo un cuarto inmenso con gente en sillas especiales, todos enganchados a máquinas que parecen ser de realidad virtual y metidos en bloques de hielo. Decido que quiero volver atrás en el tiempo, y entonces recuerdo que no puedo viajar en el tiempo hacia atrás, solo hacia delante. Qué va, me doy cuenta de que tampoco hacia delante, entonces caigo en la cuenta de que si he viajado en el tiempo es porque todo lo que estoy viviendo es un sueño y despierto.

Levanto el cuello y la almohada está toda sudada, estiro el brazo a lo largo de la cama deseando comprobar que el señor Maslow no está conmigo. En su lugar descubro el cuerpo de mi novia, estoy intranquilo y son las cinco de la madrugada, voy a beber un vaso de agua y me encuentro con mi perro por el pasillo, le toco la cabecita para que sepa que le quiero. Me bebo un vaso de agua y me espabilo sin querer, así que aprovecho y me doy una ducha. Después de la ducha me voy al salón y me siento en el sofá hasta las siete, hora en la cual el día empieza.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Los normales

Estaba mirando el móvil en un banco cuando de repente me puse a pensar en que quizás los raros son los normales. Me di cuenta, en mis reflexiones, de que conozco más gente que quiere ser distinta que gente que sólo quiere encajar, y es que al fin y al cabo nadie quiere ser una copia de otro alguien.

Por otro lado, recapacitando con un poco más de profundidad, caí en que los normales son los que utilizan la palabra raro despectivamente para definir a aquellos que son distintos a lo que ellos consideran que es lo normativo (es decir, lo más común). También que tanto raros como normales utilizan la palabra único para auto-definirse, y que por lo tanto esa palabra sería inútil para mis propósitos.

Sería rarísimo que un raro llamase raro a un normal, y aún así es algo que sucede. Es por ello que he decidido darle otro sentido a la palabra normal, siendo este: persona que rechaza el calificativo de raro por motivos de inseguridad o miedo a no ser reconocidos por miembros del grupo al que desean pertenecer. En conclusión, creo que este es un significado necesario y de inmediata aplicación, para finalizar esta pequeña argumentación pondré un ejemplo práctico. He de decir en mi favor que para crear este nuevo significado no he tenido que crear ninguna nueva palabra y aún así ha salido muy bien la cosa.

- Hola, ¿te has bajado ya el Fortnite? 
- No, lo siento, no tengo ordenador en casa. 
- Qué raro eres... 
- Ya, gracias, y tú qué normal. 

Normal: persona que rechaza el calificativo de raro por motivos de inseguridad o miedo a no ser reconocidos por miembros del grupo al que desean pertenecer.

martes, 26 de junio de 2018

Alfredo, un buen hombre


Alfredo es un hombre que se considera curioso. Cuando Alfredo comenzó a trabajar sus amigos todavía estaban estudiando, necesitaba el dinero por causas familiares. Alfredo está seguro de sí mismo, todo lo que tiene se lo ha ganado a fuerza de voluntad, ha trabajado sin parar, se ha visto sumido en la miseria y ha seguido trabajando. Ha habido veces en las que los jefes de Alfredo no podían ofrecerle más de cuatro euros por hora y Alfredo, ni corto ni perezoso, ha trabajado.
Alfredo, cuando llegó a los treinta, empezó a arrepentirse de haber empezado tan pronto a trabajar. "Tendría que haber estudiado" piensa. Alfredo ahora tiene dos chiquillos a los que mantener y una esposa encantadora de la cual está perdidamente enamorado, es feliz. Y aun así, cada día que pasa, Alfredo piensa "Tendría que haber estudiado", pero también piensa "Soy un hombre trabajador" y es verdad que le gusta más cuando piensa en ésto último, se siente mejor, por eso intenta evitar pensar que quizás, si hubiera estudiado, ahora tendría más dinero, menos estrés, y posiblemente la misma felicidad.
Pero una y otra vez se repite en su cabeza la posibilidad fracasada, aquello que ya no va a pasar, la otra calle que pudo haber tomado y se negó a tomar. Y cada vez que se repite en su cerebro, Alfredo sufre un poquito más, se vuelve a arrepentir e incluso se empieza a martirizar, es por eso que ahora Alfredo insulta en sueños a aquellos que estudian, piensa "holgazanes, perezosos, estos tipos son unos gandules, toda la vida viviendo de sus padres, en una nube viven, si ellos supieran lo que yo sé"
De esta forma Alfredo logra enterrar ese horrible pensamiento, esa remota posibilidad de algo que nunca pasó ni pasará.
Pero el cerebro de Alfredo es curioso, y ese pensamiento vuelve, y cada vez con más fuerza, y Alfredo se aferra al odio para eludirlo, y un día Alfredo va a la biblioteca, estresadísimo, y se pone en la puerta, y primero empieza a mirar raro a la gente que entra, pero poco después empieza a decirles cosas, les dice que se pongan a trabajar, pero lo dice a gritos y con una voz muy agresiva, les dice que hay que sacar el país hacia delante, que son unos gandules, les insulta y les menosprecia. Las personas que entran a la biblioteca al principio parecen ofendidas, pero pronto se corre la voz y Alfredo sigue ahí gritando, y la gente acude a escuchar sus berridos, y se ríen del pobre Alfredo. Los estudiantes se ríen de Alfredo, esos estudiantes que tanto envidia, esos holgazanes, perezosos, esos tipos que son unos gandules, que llevan toda la vida viviendo de sus padres, durmiendo entre algodones de azúcar y paredes de turrón. Esos tipos que, en lugar de estar estudiando, se ríen del pobre Alfredo.

TRES


"Qué ardor de estómago, qué tensión, qué dolor de cabeza, me mareo." Dice, sin perder un suelo que se aproxima a toda velocidad. "Qué angustia, qué ansiedad, ¡qué de todo!"
A unos veinte metros de ella, un niño llora, acaba de darse cuenta de que la persona a la que le daba la mano no es su padre, mira para el cielo, como si fuera a bajar de allí.
En el bar, un hombre se ríe a carcajadas con la camarera, a pesar de ser él quien cuenta el chiste, la camarera parece más pendiente del móvil que de otra cosa.

Unos segundos más tarde, una mujer baja medio mareada de la atracción y ve un niño solo, quieto y llorando, es su hijo.
Un niño llora, y sigue llorando por no tener una mano a la que aferrarse, el sol le abrasa y él llora. Piensa que lo han abandonado, su llanto no es más que una última llamada desesperada de atención.
Un hombre, borracho perdido, se pone agresivo con la camarera que ya no se ríe ni ante las cínicas imágenes que le muestra en la pantalla de su móvil. "¡Que llames al encargado!" le dice, la camarera pasa de él.

Una mujer y un niño se abrazan bajo el sol de Benidorm en el corazón de Terra Mítica y solos, se abrazan rodeados de personas, ante un mundo lleno de esperanza. Esperanza y nada más. La camarera espera que el hombre se vaya, el hombre espera que la camarera le ría los chistes, la mujer espera que su marido deje el alcohol, y el niño espera a los adultos. Esperanza, esa gran enemiga.

Jesús, profesor


Hola, soy Jesús, el profesor de lengua. Bueno, quería introducirme rápido, sin mucha floritura, sin complicados sintagmas. Me he propuesto que voy a ser sincero con vosotros desde el principio: Soy un personaje ficcional, puede parecer irracional que diga yo esto, ya que es casi como que para ser un personaje literario que solo existe en formato textual, tienes que hacer como que no eres consciente de que tu vida no depende de ti sino de aquél que te describe, a ti y a tus acciones. Pero bueno, yo soy profesor de español, y esa es mi función y mi propósito en este mundo, nada más.
Te preguntarás: ¿En qué mundo Jesús? si tú y yo no compartimos ni la forma de existir. He de decirte que estás equivocado, yo, a pesar de lo que puedas pensar, no soy un rehén de mi escritor, soy libre, y habito en el mismo mundo que tú. (Es cierto Jesús, eres libre) Gracias escritor, pero en el caso de que no fuera libre, ¿qué le voy a hacer? ¿vivir el resto de mis días atormentado por la impredecibilidad de mi destino? ¿mortificarme por no tener ni voz ni voto en mis acciones? No, ese no es mi estilo, yo solo soy un profesor de lengua, soy insignificante y soy consciente de ello. Soy la coma que algunos olvidan, el acento que nadie puso, soy lo/la/los/las, soy el complemento directo.
(Jesús, tranquilo, se te está yendo de las manos)
Soy a/ante/cabe/con/contra...
Soy un adjetivo interrogativo.
(¿qué?)
Exacto, eso soy yo.
(Está bien por hoy Jesús)
De acuerdo, lo que tú digas, al fin y al cabo yo no soy quién para cuestionar tus órdenes, escritor. Haz lo que plazcas, solo estaba aquí para presentarme y para dejar claro que soy un personaje importante que volverá a salir en algún que otro texto.
(Bueno, eso lo decidiré yo)
Claro, lo que tú digas, a tu servicio, lo que ordenes. Yo solo digo, que no soy prescindible. Y, no lo olvides, soy profesor de lengua y tengo mucha más autoridad que tú para criticar tus textos, ya que tu opinión es subjetiva, y ¿sabes lo que te digo? Que tus textos son geniales, siempre y cuando salga yo en ellos.

Los papeles


"¿Qué papeles son los que necesito esta vez? De verdad que no te entiendo."
"Te lo vuelvo a repetir, tienes que darme los papeles, tienes veinte segundos para darme los papeles"
"¿Pero qué papeles?¡Yo no tengo papeles!"
"¡Rápido! Ésto lo estoy haciendo por ti, necesito los papeles, tienes que darme los papeles, solo de esa forma lograremos que todo este esfuerzo no haya sido en vano."
"No lo entiendo, ¡Ya han pasado más de veinte segundos! me hablas de papeles pero yo no tengo papeles, estoy aquí, descalzo, en calzoncillos, en medio del parque y no tengo los papeles"
La otra persona (una señora de mirada inquisitiva y bien trajeada) abre un maletín, el otro, que no logra encontrar los papeles, no es capaz de ver lo que hay dentro.
"¿Qué tienes ahí dentro? ¡No entiendo nada!"
Entonces la señora le da la vuelta al maletín y una luz resplandeciente y cegadora lo acapara todo. Cuando la luz se va, el hombre se da cuenta de que está en un edificio del gobierno, con un fajo de papeles en la mano, hay un pasillo que se extiende a lo largo y al final parece haber una puerta con un cartel que dice "Oficina". El hombre empieza a correr en dirección a esa puerta llevado por una sensación de angustia, ansiedad y tensión, pero cuanto más corre más se aleja la puerta.
Entonces tropieza y mira al suelo (el suelo se resquebraja y todo cae hacia abajo hecho trizas, hacia lo que parece ser una profundidad azul e infinita)
"¡Estoy en una pesadilla!"
La tensión del momento consigue que el hombre se de cuenta de que todo era una ilusión y se logra despertar.
Está solo en casa, levanta las sábanas y un olor muy fuerte llega a sus fosas nasales. Se ha cagado encima.


Y entonces va y me dice que no, ¡que no! (piensa con enfado) no me lo puedo creer, que me haya dicho que no a mi, con lo bien que le he tratado siempre, y que me salga con ese corte, así de la nada, debería haberle dicho que... no sé, quizás haya hecho mejor en callando, siempre me pasa lo mismo, que no le respondo a tiempo a la gente y luego me pongo a
pensar en qué podría haberle dicho y en mil maneras de haberle devuelto la pelota, (está pensando en todo esto mientras mira la pantalla de inicio de su móvil) pero no tengo el coraje para hacerlo en persona. Maldita sea, se ha acabado ya la tontería, se ha acabado ya por siempre, de ahora en adelante voy a gastármelas de otra forma, ya basta de ser quien nunca se queja y quien acaba recibiendo las culpas por todo aquello de lo que no es responsable, (abre el WhatsApp) y lo peor de todo es que esto me pasa por buena persona. Pero ya se acabó, voy a ser un cabrón, lo juro, ahora mismo cojo y le respondo a ese asco de persona, ("su madre es una cabra" piensa, en un nivel mucho más profundo de pensamiento), le voy a dar una respuesta que le voy a dejar mal en el grupo, y se va a joder sí, y ya no va saber nada más de mi.
El timbre suena y la persona que estaba pensando esto deja el móvil en la mesa del comedor para abrir, es su madre. Empiezan a hablar y se tranquiliza, olvida todo eso del orgullo y se centra en lo importante de la vida, sonreir y pasar un buen rato con los seres queridos.
- Bueno, me alegro de que todo vaya bien, pero, ¿cuándo piensas conseguir un trabajo?
- Ay madre, no me agobies, tengo veintiun años y todavía no sé que va a ser de mi, sólo necesito un poco de tiempo para averiguarlo.
Entonces la madre se aproxima a la puerta de salida y le dice, "has tenido ya tiempo suficiente, el mes que viene vuelves a casa a vivir conmigo y con tu padre, fin de la discusión"
Entonces le recuerda a la señora lo importante que es su soledad, para inspirarse y encontrarle el sentido a su vida.
Su madre le contesta "No" y cierra la puerta tras ella.

El chaval


Un chaval de corta edad (unos 16 años) se acerca a un señor mayor (unos 73 años) que está sentado en un banco de un parque con sus amigos, comentando el tiempo.

El chaval les saluda primero y la primera reacción de los ancianos es intentar averiguar quién es su padre o en defecto su abuelo, le hacen lo que parece ser un interrogatorio exprés y en cuanto descifran quién es acceden a hablar más con él.

El chaval le dice (al hombre en particular con el que él quería hablar) que ha escrito un texto y que qué le parece si se lo lee y él le da su opinión.
El señor responde: "Nenico, ¿no tienes otras cosas que hacer? Yo a tu edad ya había críado a un hijo y tenía dos trabajos"
A lo que el chaval responde: "cada cuál hace lo que le llena"
Y el señor, un poco asombrado por la respuesta, no esperaba algo así, se interesa en lo que una mente como esa pudiera haber escrito. Entonces le dice: léeme el texto ese.
El chaval, antes de empezar con el texto, le dice: "cuando acabe me dices que te parece ¿vale?"
"Vale", confirma el anciano.
El chaval empieza a leer, apresurado y con voz enfadada:
"Mira chaval, no sé de qué vas, pero esto es hacer perder el tiempo, ¿o es que no te das cuenta? Esto no es arte, esto es una pérdida de tiempo por dios y por la virgen. ¿Para leernos esto has venido hasta aquí? Tenemos mucha edad ya y estamos en el ocaso de nuestras vidas, no queremos que lo último que oigamos sea una mierda como esta. menuda basura de texto, es repulsivo, de verdad. ¿No sabes hacer otra cosa? Ponte a gastar tu tiempo en algo que tenga algo más de sentido porque esto no se te da bien, de verdad, déjame en paz. Vete."
El chaval, con cara de miedo y nervios, concluye de esta forma el texto, con una leve sonrisa mientras espera que los ancianos entiendan la broma y ansioso por poder reírse un poco con ellos. Entonces, el hombre al que había estado hablando pone cara de enfado y le responde:
"Mira chaval, no sé de qué vas, pero esto es hacer perder el tiempo, ¿o es que no te das cuenta? Esto no es arte, esto es una pérdida de tiempo por dios y por la virgen. ¿Para leernos esto has venido hasta aquí? Tenemos mucha edad ya y estamos enel ocaso de nuestras vidas, no queremos que lo último que oigamos sea una mierda como esta. menuda basura de texto, es repulsivo, de verdad. ¿No sabes hacer otra cosa? Ponte a gastar tu tiempo en algo que tenga algo más de sentido porque esto no se te da bien, de verdad, déjame en paz. Vete."

Enfado


Dos hombres enfadados se encuentran en un paso de cebra, uno de ellos pita y el otro encoje los hombros y dice ¿qué haces? con mala leche. El otro vuelve a pitar, y el primero, que ve que entre tantos pitidos no se le oye empieza a maldecir en lengua de signos, el otro, que no entiende nada de lo que está haciendo el primero, piensa que le está dando un ataque y sale del coche a socorrerle, completamente arrepentido de haber pitado y con una sensación de culpa muy grande. Al salir, el hombre que estaba gesticulando empieza a gritarle improperios, (con su voz) entonces, el primero, al darse cuenta de que había sido "engañado" se siente confundido, su antiguo sentimiento de culpa se convierte en ira y va corriendo a darle un guantazo al hombre que antes gesticulaba. Entonces es cuando el hombre que gesticulaba, que no se esperaba tanta violencia ni por asomo, sufre una parada cardíaca real y cae abatido al suelo, el primero interpreta esto como una broma de mal gusto en un momento tan tenso (no le ha dado tan fuerte) y hace un gran esfuerzo por no seguir dándole puñetazos, toma aire, sube al coche, y se va del lugar, enfadadísimo. Al rato, el hombre que había en el suelo sufriendo un ataque al corazón despierta, por suerte ha sido una falsa alarma, mágicamente todo se ha restablecido, pero al pensar que el otro hombre le ha dejado ahí tirado en el suelo sufriendo un ataque le hace pensar en lo mal que está el mundo, y en que la gente no tiene ya respeto por nada y en que si seguimos así muy mal vamos a acabar. El hombre, al final, se va a casa, enfadadísimo.

viernes, 30 de junio de 2017

LLUVIA DE IDEAS DE MIERDA, QUE NADIE LO LEA

Tengo varias ideas para escribir un cuento, una va sobre un hombre que tiene varias ideas para escribir un cuento. Una de esas ideas es escribir un cuento sobre un hombre que tiene varias ideas para escribir un cuento. Así que voy a escribir sobre mí, teniendo ideas para escribir este mismo cuento.
Siempre que escribo pienso que lo que escribo no lo va a entender nadie, o que nadie lo va a leer siquiera, aun así a veces me sorprende la gente diciéndome que le gusto una historia que escribí. En esta historia voy a escribir un poco lo que me venga en gana porque estoy cansado y no tengo ganas de escribir nada lógico o coherente. Puede que la rabia, puede que la ira sea el origen del cambio, puede que sea el único posible origen del cambio, puede que sea verdad que si no nos tocan lo suficiente los cojones no queramos cambiar, puede que haga falta reflexionar demasiado para no necesitar de la ira para querer un cambio, o puede que la gente produzca ira irremediablemente al reflexionar demasiado. 
Ayer me di cuenta de que ya no pertenezco a ninguna tribu urbana, yo era rapero cuando era adolescente. ¿Ahora qué soy? un triste escritor que hace un uso excesivo de la pena que se da a si mismo, que apoya en demasía sobre la metatextualidad, que usa palabras que se salen del registro porque ya no lee casi nada y su cerebro está en desuso. Soy un adicto a los juegos de móvil en los que no hay ni un mínimo de interacción humana, en los que todo lo que tienes que hacer es evitar morir, en los que irónicamente pierdes más horas de vida cuantas más horas sobrevivas. 
Una idea que tenía para un libro era la de un chaval que vive intoxicado por los videojuegos, no puede dejar de jugarlos, hasta el punto de que pierde todas las habilidades sociales y se excluye en casa. Es un cuento casi de terror, se me ocurre que el primer capítulo podría llegar a ser terrorífico, le ha mentido a todos sus seres queridos, ha dejado de cocinar buena comida porque no sale de casa ni para comprar, le han suspendido en la universidad y va a tener que repetir el curso porque no ha ido a clase, su novia no le deja pero él imagina que debe estar a punto de dejarle, se imagina que está con otro y se muere por dentro, aunque también acusa a ella de su situación, piensa que por ella está tan enganchado a los videojuegos, piensa que es la infelicidad que le ha producido esa relación la que le ha llevado a esa situación, pero realmente todo está en su cabeza, es un narrador altamente subjetivo. Ese sería el primer capítulo, terror, ansiedad, sensación de perder el tiempo, falta de identidad, soledad, exclusión, sentimientos suicidas. En el segundo capítulo hay un apagón y todas las consolas dejan de funcionar, el cuarto se queda a oscuras y sólo un rayo ilumina la habitación, un rayo que entra desde las persianas mal cerradas, este capítulo es cómico, pero no es una risa sana, el que lee se está riendo de él pero a la vez ha empatizado y le da lástima, es una risa muy amarga. Lo más gracioso es que cuando sale de casa es incapaz de relacionarse con las personas, la gente le habla pero él nunca responde, sólo se pone a pensar, divaga sobre todo lo que le cuentan, se fija mucho en los móviles de las personas y fantasea con usarlos para jugar, va a un supermercado y allí conoce una cajera de la que se enamora, este personaje tiene que ser un gran contraste con el viciado, es una persona muy hippie, muy de esa gente que lo único que hace es quedar con los colegas a tomar un quinto y jugar a las cartas y criticar a los amigos que no han podido ir y reírse de la Esteban. Cuando vuelve a casa se encuentra con su vecina, ahí tenemos la segunda pretendiente en el imaginario mundo del personaje subjuntivo, puede que a ninguna de las dos le guste él pero él se inventa escenarios, esta segunda pretendienta es como él, es introvertida y no quiere salir de casa pero es sexualmente muy activa y le ofrece sexo, evidentemente esto creará una sensación de humor ya que él la rechaza sin querer porque no sabe comunicarse y ella se enfanda ya que se siente ofendida. Entonces él se va a dormir y tiene una pesadilla, debido a la culpabilidad que siente por estar tonteando con dos mujeres a la vez teniendo todavía novia. No puede usar el móvil para dejarla porque no tiene cargador, sueña que es super mario y que cuando rescata a la princesa, es decir, que cuando llega al castillo, no hay princesas que salvar, está luigi y quiere atraparle para darle por culo, luigi es la representación de un vagabundo que vio en el super en la puerta pidiendo dinero el día anterior al sueño. Se despierta por la mediatarde, le despierta el sonido de un claxon, baja corriendo y ve a su novia en el asiento del copiloto de un hombre de unos cuarenta años, le dice que le deja por el hombre este, que no se lo había podido decir antes porque había estado "ocupada haciendo cosas", eso es lo que él le decía a ella cuando no quería quedar porque estaba jugando a las videoconsolas. El caso es que le dice que la entiende y la exnovia se enfada y le intenta besar delante del hombre de cuarenta años, pero el la rechaza, el hombre de unos cuarenta años no hace nada, permanece pasivo, el personaje principal se pregunta si quizá ese hombre sea simple atrezzo, un familiar o algo por el estilo, pero no lo es, se dan un beso en la boca y ella le mete la mano en el pantalón para poner celoso al personaje principal, éste se da la vuelta y se mete en el piso mientras escucha el sonido de una masturbación detrás de él. cuando sube está la chica rara vecina y le pide perdón por lo del día anterior, él entra en su casa y tienen sexo. El día siguiente se lo pasa en su casa, sólo juegan a la consola, y ve en ella el reflejo de lo que él era. (se me acaba de ocurrir que a él le dejan sin luz porque no paga las facturas y que la historia se podría llamar APAGÓN) Al ver que ella es lo mismo que era él, intenta hacer que deje de ser así pero no lo consigue, ella se enfada cuando él le insiste y ella le manda a la mierda. se vuelve a su casa se va a dormir. (esto seria ya el siguiente capítulo) Esta vez no sueña nada. Se despierta y se ha quedado sin galletas y sin leche así que se va a comprar al super, la chica del super le invita a salir a tomar copas porque siente pena por él, al final se da cuenta de que es un buen chico y se lían, durante un instante todo es precioso, dura una semana aproximadamente. Aquí hay una descripción de lo bonita que es la vida, abunda el color verde que es la esperanza. consigue un trabajo, reparte periódicos, y entonces vuelve a cobrar y le ponen luz en casa. vuelve a casa y pone el móvil a cargar, así se acaba este capítulo. El siguiente capítulo tiene que ser corto porque es un drama, y la simpleza es a lo que recuren las personas que se quedan sin palabras porque se les llena el alma de lágrimas. Describe lo bonita que es la consola, lo mucho que disfrutó, lo interesante que son las historias, describe aquél juego que no llegó a terminar nunca, y finalmente decide coger un poco la consola para terminar de pasarse ese juego, hace mucho énfasis en que esa sería la última vez, muchíiiisimo énfasis, tanto que el lector puede percibir que ni de coña va a ser la última vez. Así se acaba la historia, esta es una de las ideas que tengo para escribir un libro, igual sale bien, a saber. no sería un libro muy largo, tendría que trabajar bastante bien las personalidades del personaje adictivo, la exnovia, el novio de la exnovia, la pretendiente que vive encerrada y la pretendiente con la que es feliz hasta que vuelve a encontrar la videoconsola (idea de simbolismo guay, cierra la persiana antes de jugar esa partida y se prepara un vaso de leche con galletas, al principio del cuento la persiana está cerradísima.) 

No es mala idea, podría escribirla, qué serían? cinco capítulos? eso son unas diez mil palabras, en cinco días podría estar escrita, una semanita y acabado. Además sería una lectura cíclica, que es justo como a mí me gusta que sean los cuentos estos, habría sexo, narrador subjetivo, adicción, amor, felicidad frágil, efímera, sería una narración bonita, habría miedo humor y tragedia, la tragedia siempre hay que dejarla para el final para aumentar su efecto. 
El humor saldría de la repetición de ciertos elementos, el autor tiene que tener un tic cuando le toca responder en una conversación, no responde y hace un ruido con la lengua en el que parece que se rasque la garganta. 

El personaje principal no ha sendido rabia en ningún momento, por eso no cambia, porque no necesita cambiar, sólo deja de jugar temporalmente porque la luz ha dejado de funcionar en su casa, ha sido forzado a ello, es por ello que no puede funcionar desde el principio está predestinado a volver al vicio, al igual que el amor forzado no funciona y si funciona es esporádicamente. Tengo que incluir este pensamiento en el texto, creo que es bastante interesante añadirlo. 


domingo, 30 de abril de 2017

El Gato Dorado

Era domingo por la noche, todavía tenía que acabar los deberes. Era tarde y tendría que haber estado en mi casa, aun así, no sé por qué, me quedé y vi al gato. Era dorado, un gato del color de los collares caros. Por entonces yo sólo había visto ese color en dos ocasiones, en un plastidecor y en el cuello del gitano Pascual, que vendía detergente en el mercadillo de mi pueblo. Memoricé la imagen del gato colándose al patio del colegio, tenía bigotes negros, era flaco y alargado, ágil y dorado, en la punta de la cola lucía una mancha blanca distintiva pero innecesaria, ya que no habían más gatos dorados. Justo antes de colarse al patio giró el cuello y me dirigió una última mirada, la belleza de sus ojos verdes me dejó en shock.
Mi madre me riñó y mientras hablaba yo miraba la pared blanca, ésta era el lienzo en el que mentalmente delineaba los trazos del gato con tonalidades que mi plastidecor no podía atreverse a imitar. Me obsesioné bastante con el gato, solía soñar que me despertaba y estaba mirándome desde la repisa de la ventana. Cuando andaba hacia el colegio permanecía atento a cualquier movimiento extraño en los descampados, en los tejados, tras las persianas, miraba a todos lados. A veces mi amigo Raúl me acompañaba, él también estaba obsesionado, pero con los libros, se ponía tan intenso que tenía que mandarle a callar porque hablaba muy fuerte y me impedía escuchar si el gato dorado se movía por nuestro alrededor.
Al mes desistí en buscar al gato dorado y empecé a escuchar a Raúl: "Escúchame ¿me escuchas ahora? mira, ayer leí una historia que me recordó a tu obsesión con el gato dorado. No la recuerdo muy bien porque estaba a punto de dormirme cuando leí el cuento, pero te aseguro que tenía mucho que ver. Había un gato blanco y un señor mayor que tenía mucho dinero, el gato había pasado cerca de la casa del señor para mendigar algo de comida, porque era consciente de que él tenía dinero y poder para comprar alimentos. El caso es que el señor no le quería dar comida al gato porque pensaba que los gatos lo único que hacen es molestar, era de esa gente que pone veneno en las esquinas. No me gusta esa gente, a ti tampoco ¿verdad? seguro que no. Pues resulta que un día llega un brujo al pueblo en busca del alma más bondadosa y ¡tachán! es el gato, y le concede el poder de comer lo que quiera porque el gato era eso lo único que deseaba, poder comer algo. Entonces el gato, no en plan venganza ni nada porque es muy bueno, va y se come todo el dinero del señor, y se queda de color dorado. Yo entendí que la moraleja era que no había que ser tacaño ni avaricioso porque luego puede aparecer un gato y comerse tu dinero, no sé, no me convenció mucho la historia. Pero lo que importa es lo del gato. ¿me has oído, no? era blanco y se hizo dorado, eso me recuerda  la punta blanca de la cola. No sé, ¿crees que el gato que viste era mágico?
Le dije "¿Qué?" y pensé que se lo estaba inventando todo, que había ideado toda esa historia para llamar mi atención porque había estado pasando de él.
"Lo que oyes, yo tampoco me lo creía."
"Quiero ver ese libro, ¿cómo se llamaba?"
"Ya te digo que no recuerdo muy bien los detalles, pero mañana lo traigo al cole y te lo enseño."
Esa tarde me la pasé pensando en que si sería verdad o no, en si realmente había visto un gato mágico. Hasta entonces había pensado que la magia eran trucos de cartas que los adultos usaban para reírse de nuestras caras de incredulidad, y esa tarde dudé sobre todo. Para entonces ya sabía que los reyes magos no existían, y de ahí había llegado a la conclusión de que los brujos tampoco, pero para que el gato fuese dorado tenía que existir la magia. Quizás me lo imaginé todo, puede que el gato nunca hubiera existido.
Me fui a dormir y soñé algo de lo más extraño: yo estaba andando por encima de una cuerda de alta tensión y el gato dorado se había puesto en mi camino, no sentía vértigo por caerme, me paré sin miedo y él se giró hacia mí, yo era un pájaro de su mismo tamaño. Me dijo "mañana nos vemos a las nueve en el colegio" y se fue volando. Al impulsarse, la cuerda tembló y yo me caí del tendido eléctrico y me desperté del sobresalto. Anoté la frase en la libreta de matemáticas para volver a dormir, pero ya no pude seguir descansando, se hizo de día.
Llegué al colegio arrastrado por mi madre, que preocupada por mi aspecto de cansancio me limpiaba las legañas con saliva. Entré y vi a Raúl sentado en la última fila, no le gustaban las matemáticas. Me deslicé hasta su lado y le pregunté "¿traes el libro?", a lo que él respondió susurrando.
"No te lo vas a creer, ayer llegué a casa y miré en mi mesilla de noche pero el libro ya no estaba. Espera, no hables antes de que acabe, no me pongas esa cara, tú escucha. Pensé que mi madre lo habría guardado en la estantería pero lo busqué y no estaba, ¿y si lo había escondido?¿y si el libro había llegado ahí por pura casualidad y al verlo ella había querido esconderlo corriendo? Casi que estoy seguro de que no quiere que lo vuelva a leer, debe haberlo escondido."
"Me estás mintiendo" le corté enfadado.
"¡No!¡No! ¡Escúchame! te juro que es verdad, déjame que termine. Miré en la leja de arriba y había un libro que era todo dorado, así que cogí una silla y la acerqué para llegar a cogerlo, pensaba que sería ese el libro que buscaba, pero no lo era, cuando subí me di cuenta de que era blanco y brillante, y que me había parecido dorado sólo por el brillo de la luz. Aun así lo cogí y lo leí, era una historia muy extraña, trataba sobre una familia de pájaros, tenía dibujos muy bonitos, en blanco y negro, pero estaban pintados con dorado por encima, era como si alguien se hubiese dedicado a pintarlos con un color brillante y muy bonito, pero bueno, no eran gatos. En fin, al parecer el papá pájaro había perdido el trabajo en la fábrica de nidos y la mamá y los hijos pájaro habían caído enfermos, el pajarito más pequeño había muerto y la mamá pájaro estaba consumida por la tristeza, hacía lo imposible para evitar que los pajaritos se enterasen de la muerte del pequeño de la familia. No me lo llegué a acabar, me dormí con el libro y soñé que saltaba muy alto y hacía equilibrismo sobre unos cables de alta tensión, y que hablaba con un pájaro, y le decía que hoy nos veríamos en el colegio, luego me iba volando y en el cielo había un agujero negro en lugar de un sol, luego todo se oscurecía porque yo me daba cuenta de que no había sol y la lógica era que no hubiese luz. Me desperté y el libro ya no estaba conmigo, mi madre lo habrá cogido y lo habrá escondido, odio que haga eso, siempre lo hace con todo."
"¿Qué?" No sabía que responder, había dado en el clavo ¿cómo era capaz de saber lo que había soñado? ¿Acaso se habían conectado nuestros sueños? y en el caso de haberse conectado ¿qué tipo de brujo había intervenido? ¿Qué sentido tenía todo esto?
"Te he visto en mi sueño" le dije. Me dijo que ya, que él sabía que yo era el pájaro porque me escuchó hablar. Le expliqué que no era así como funcionan los sueños, que cada uno tiene el suyo, y me dijo que qué va, que el mundo de los sueños es uno y es muy grande, y que no estamos solos allá, que eso le había dicho su madre y que él se lo creía. Le dije que si creía también en los reyes magos y se limitó a mirar hacia otro lado.
"tres por tres Raúl" gritó el profesor.
"Emmmm, emmmmm, emmmm, tres veces tres, emmmmm, no lo sé profesor ¿es una pregunta trampa?"
"Venga, piénsalo bien."
. . .
Era viernes, la semana había pasado sin ninguna noticia más sobre el gato, Raúl había estado poco hablador, le dije a mi madre que me iba a la biblioteca a ver si encontraba a mi amigo, que casi siempre estaba allí. Primero recorrí los pasillos, pero no estaba, cogí un cómic de Astérix y Obelix y me senté un rato esperando que llegara pronto. Se hicieron las ocho enseguida y recordé mi onírica cita con Raúl, ¿era él el gato? Dejé la revista y me fui andando al colegio, cuando llegué todavía quedaba media hora, así que me senté y esperé, escuché maullidos lejanos. Lo extraño era que salían de debajo de las tapas del desague. Levanté ese pesado disco de hierro, dentro todo era negro, los maullidos se intensificaron "Ey, ¿qué haces?" Raúl me susurró por detrás en el oído. Del susto dejé caer la tapa de nuevo en su sitio.
Las ventanas de la calle estaban todas cerradas, nadie nos veía, así que Raúl y yo decidimos entrar al colegio, quizás el gato nos esperaba dentro. Un denso y alto matorral nos impedía movernos con fluidez, así que decidimos separarnos para poder abarcar más espacio en menos tiempo y que el gato no nos evadiera.
Vi muchos gatos, ninguno dorado, todos me miraban con mala cara, con la espalda en tensión. Me junté con Raúl en el patio y decidimos abandonar la expedición, todo se debía a una extraña coincidencia, el gato dorado nunca había existido, había sido el producto de dos mentes infantiles y excesivamente creativas. Nos separamos para atravesar los matorrales y salir. Cuando llegué fuera me quedé esperando a Raúl para acompañarle a casa, pero no salía nadie, grité su nombre varias veces, hasta que entendí que había salido más rápido que yo y no me había esperado. Entonces escuché algo moverse tras las verjas, entre los arbustos, y vi una cola dorada con la punta blanca aparecer y desaparecer, volví a quedarme en shock. Me costó moverme del sitio, pero al final me fui a casa y dormí del tirón, tanta aventura me había agotado.
Llegó el lunes y Raúl no apareció en clase, me moría por contarle lo que había pasado, le pregunté al profesor y él se rió con complicidad. "Qué gracioso, pero si quieres aprobar matemáticas te tendrás que esforzar más." No le entendía. Volví a casa y le conté a mi madre que Raúl hoy no había venido a clase, y me dijo "bueno, ya era hora". Seguí sin entender nada, me tuve que olvidar de Raúl, los mayores se olvidaron de él muy rápido. Años más tarde mi madre me contó que sus padres tuvieron que emigrar, mi madre y la suya eran muy buenas amigas, nunca entendí cómo lo superó tan rápido. Desde que Raúl desapareció de mi lado, cada vez que veo a un gato entrecierro los ojos para imaginarlo dorado.



miércoles, 26 de abril de 2017

Estoy pensando en cosas que nunca le contaría a Facebook

Como usuario de Blogger tienes la posibilidad de leer esta frase, podrías no haberlo hecho pero ya está, no hay marcha atrás, es demasiado tarde. El caso es que quiero abrir un Blog nuevo que hable sobre entrenamiento deportivo, pero he pensado que ya hay millones y que quiero que sea diferente. Se me ha ocurrido que el nuevo Blog podría contener historias en las que explico los conceptos que son útiles para el entrenamiento mediante metáforas, usando rimas, contando cuentos, etc. Quiero hacer algo nuevo, sin caer en la monotonía, porque realmente la vida es una repetición constante de amaneceres, atardeceres, noches, desayunos, comidas y cenas. Puff, qué agonía me da nada más de escribirlo. Habrá mucho trabajo detrás de algo así, no todo será pan comido, tendré que currar noche tras noche, pero será algo que merezca la pena, de eso estoy seguro. Estoy pensando en qué nombre ponerle, ¿lo llamo "El rincón de Dani y sus pesas"?. Ni de coña, qué cosa más fea de nombre. Por otro lado tampoco puedo llamarlo algo como "Levantando pesas con Dani", porque odio esos títulos en los que hay un verbo en gerundio. Ya sé, quiero hacerlo literario, así que tiene que haber personajes envueltos en la trama, lo llamaré "El Gimnasio del Cid". Muy bien, llegados a este punto podríamos ampliar, evolucionar, y llamar al Blog "Cid-Gym", pero en mi ardua lucha y defensa del español rechazo tal convencionalismo y mercantilismo, sé que perderé muchas visitas, pero no perderé el orgullo. Ahora estaría gracioso que lo llamara "Cid-Gym", sería muy sarcástico mi comentario anterior, y yo escribo por y para el humor, aun así la lucha contra los anglicismos es una de esas cruces que estoy dispuesto a llevar hasta la tumba. Por lo tanto el nombre será "El Cid en forma"
Buas, ¿qué coño? se me ha ocurrido otro que es la leche a primer pensamiento. "El Entrena-miento de verdad" jajajajjajajajajajja ¿Qué os parece lectores? "pero si seguro que nadie lee esto Dani, ¿a quién le estás preguntando eso?" Y yo qué sé, yo me imagino gente que me escucha.

Opciones:
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Entierra tu pereza